SU IDENTIDAD
Perpiñán la Catalana o “Fidelísima Villa de Perpiñán”: así se presenta oficialmente la ciudad. La Catalana porque Perpiñán, capital de Cataluña Norte, desde el siglo X hasta mediados del XVII, con algunas interrupciones, fue un elemento de un principado catalán luego atado al reino de Aragón. En cuanto al título de “Fidelísima”, fue concedido en 1474 por el rey de Aragón y Conde de Barcelona, Juan II, para conmemorar la resistencia de los perpiñaneses a la anexión del Rosellón por parte de Luís XI. Desde entonces el título se incluye en el escudo de armas de la ciudad.
SU SITUACIÓN GEOGRÁFICA
“Gran pequeña ciudad” o “pequeña gran ciudad”, es el centro de una antigua provincia, el Rosellón, organizada alrededor de un llano agrícola. Se situa en un entorno privilegiado: por un lado, el litoral mediterráneo de roca y playa, por otro, los circos de montañas, entre los cuales destaca el imponente macizo del Canigó (una de las cimas más altas de los Pirineos franceses). En el país de la Tramontana, que aclara el cielo azul con una luz que inspiré el “fauvismo”, Perpiñán se beneficia de las influencias mediterráneas con unos 300 días de sol al año. Perpiñán es la capital de una provincia, los Pirineos Orientales, cuya identidad geográfica y cultural está naturalmente orientada hacia Cataluña Sur: una ciudad puente entre Barcelona y las ciudades del Lenguadoc Rosellón.
SU HISTORIA
Perpiñán fue durante mucho tiempo una plaza fuerte, si embargo, es una ciudad frontera, un lugar de pasaje y de mezcla étnica. Está situada en la vía que unía el estrecho de Gibraltar con la península italiana, convertida en la “Via Domitia” romana(hoy es la autopista A9). Fue el teatro de invasiones, guerras, desde el paso de Aníbal, los episodios con los Vándalos, los Visigodos, los Árabes y luego los Francos, las rivalidades franco-catalanas, las guerras de sucesión en España, las guerras napoleónicas, hasta la segunda guerra mundial. Pero también fue tierra de refugio; por tanto, reúne desde hace siglos a poblaciones con culturas diferentes: catalanes roselloneses o de origen español, gitanos sedentarios, refugiados originarios de toda Europa, pieds noirs desde 1962, población inmigrante portuguesa, magrebí o de otros países.
Por otro lado, Perpiñán es, desde la Edad Media, heredera de la organización, las instituciones, la cultura y los valores urbanos de la antigüedad romana, retomadas por el principado catalán. Antigua ciudad romana de Ruscino, sede del Condado de Rosellón, se encuentra entre las primeras ciudades de Europa que reciben, en 1197, una Carta de Libertades Comunales del rey de Aragón y Conde de Barcelona Pedro I. Ésta todavía es visible en los monumentos cívicos y civiles de la ciudad: Lonja Mercatil, Ayuntamiento, Palacio de la Diputación, Palacio de las Cortes. Por fin Perpiñán se convierte en la capital continental del Reino de Mallorca entre 1276 y 1344. Este período de apogeo es el origen de los elementos mayores de su rico patrimonio.
SUS NUMEROSAS RIQUEZAS
Perpiñán vive su edad de oro con el “Reino de Mallorca”, de 1276 a 1344, período durante el cual la ciudad fue la capital continental de un estado mediterráneo y en parte insular. La ciudad real se cubre entonces de una arquitectura y una decoración góticas, de colegiales; su prosperidad comercial se exporta a toda la cuenca del Mediterráneo. Capital cosmopolita, Perpiñán recibe entonces artistas y se convierte en la cuna literaria de grandes trovadores como Pons d’Ortaffa, la etapa de viajeros filósofos como Ramón Llull, el hogar de una escuela filosófica y religiosa judía importante. Los principales monumentos testimonian de esta época del Campo Santo (claustro – cementerio), el complejo de la catedral, el Ayuntamiento, las iglesias, la catedral y el Palacio de los Reyes de Mallorca. Para Perpiñán se trata de un período clave que fundamenta el orgullo y la independencia de la ciudad. Es también entonces cuando aparecen algunos de los elementos más importantes de la trama urbana.
Después de su incorporación al territorio francés mediante el Tratado de los Pirineos (1659), el papel de plaza fuerte y la vocación militar de la ciudad fueron reforzados. Fue así como, después de la Revolución, la mayoría de los monumentos públicos y sobre todo las propiedades religiosas, fueron anexionadas por el ejército, lo cual garantizó más o menos su integridad pero también aisló estos lugares de la vida y el desarrollo de la ciudad.





